jueves, 29 de enero de 2015

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El cierre de sucursales golpea a la banca rural en España

Como nos ven desde EEUU, Wall Street journal (trad)
En toda España, los bancos regionales de ahorros se han fusionado, han cerrado o viajan en autobuses después de que las desarrolladoras de bienes raíces incumplieron decenas de miles de préstamos en años recientes. Foto: Reuters.

LAROUCO, España--Desde que esta localidad de 544 habitantes en el noroeste rural español perdiera su único banco, Manuel Rodríguez García, de 87 años, debe recorrer unos 8 kilómetros por una carretera sinuosa hasta la localidad grande más próxima para conseguir efectivo.

“Nos lo estamos tomando bastante mal”, señala Rodríguez García. A él le lleva algún amigo o le toca pagar 12 euros por un taxi dos o tres veces al mes. “En lugar de beber mucho vino, tenemos que beber un poco menos”, bromeó con sus amigos en uno de los dos bares del pueblo.

La banca por smartphone ni se considera. La gente mayor, dijo, “no está preparada para eso”.

Por toda España, las cajas de ahorros se han fusionado, han cerrado o han sido nacionalizadas en los últimos años después de que los promotores inmobiliarios declararan la suspensión de pagos de decenas de miles de créditos. A cambio de 41.000 millones de euros en fondos de rescate de la Unión Europea, España accedió en 2012 a cerrar miles de sucursales para impulsar las ganancias de las entidades nacionalizadas, una medida de recortes de costos que está cambiando el modo en que los españoles operan con los bancos.

Los grandes bancos compraron algunas de las cajas nacionalizadas y clausuraron aún más sucursales. Las entidades cerraron 10.718, un 24% del total de sucursales bancarias en España entre 2009 y 2013. Estos cierres suponen el 44% de las oficinas bancarias que han dejado de existir en la eurozona en ese periodo, según datos del Banco Central Europeo.
El pueblo de Rodríguez García, Larouco, está en la provincia de Orense, una de las más castigadas por el cambio del panorama crediticio de España: Orense contaba con 376 sucursales bancarias en septiembre de 2008, cuando estalló la burbuja inmobiliaria del país. En septiembre de 2013, tenía 231 oficinas.

Algunos pueblos han perdido, al igual que Larouco, sus servicios bancarios; otros dependen de las visitas semanales de autobuses que hacen las veces de bancos móviles o de oficinas que funcionan a medio gas y en las que los clientes sólo pueden depositar o retirar efectivo.

Pero los inversionistas y analistas consideran que los recortes no son suficientes: España aún tiene más sucursales por persona que ningún otro país de la UE excepto Chipre.
José Luis Nueno, profesor de la escuela de negocios IESE Business School en Barcelona, señala que la crisis financiera en España dio “una buena excusa para llevar a cabo la reestructuración que debería haberse hecho hace años”. Pero los bancos deben seguir achicándose, en opinión de Nueno.

Los ejecutivos del sector bancario español destacan que la red de sucursales del país es una de las que cuentan con menor número de empleados de Europa, lo que impulsa la eficiencia. Pero los años de tasas de interés bajas complican a los bancos minoristas la tarea de generar ingresos, erosionando las ganancias de eficiencia y ejerciendo mayor presión sobre las entidades para que cierren sucursales. Los bancos minoristas logran la mayor parte de sus ingresos de la diferencia entre cuánto pagan a sus clientes por sus depósitos y cuánto cobran a los clientes por sus créditos.

Los banqueros españoles temen perder cuota de mercado y clientes si comienzan una nueva ronda de cierres de oficinas. Algunos ejecutivos de Banco Popular Español SA consideran que los cierres podrían haber ido demasiado lejos y están explorando la posibilidad de abrir oficinas en zonas como Galicia, según una fuente conocedora de la situación.

Caixabank SA  afronta el mayor escrutinio de los inversionistas y analistas que desean que los bancos clausuren más sucursales. La red de 6.100 oficinas del banco es la más extensa de España y, según Stefan Nedialkov, analista de Citigroup,  la menos productiva a la hora de generar ingresos por oficina.

Los cierres han dejado a un lado a algunos clientes. Si hubiera más, se limitaría aún más el acceso de algunos españoles a los servicios bancarios con los que han contado durante décadas.

“Los mayores son los más perjudicados”, dijo Fernando Fernández Rodríguez, director de una sucursal de Abanca Corporación Bancaria SA en A Rúa, la localidad más cercana a Larouco con banco. “Los jóvenes”, agregó, “apenas vienen a las oficinas del banco”.

Abanca, una entidad predominante en Galicia, se formó tras la fusión de varias cajas con problemas nacionalizadas en 2011. Abanca contaba con una sucursal en Larouco pero “no tenía ningún sentido” mantenerla abierta, según Fernández Rodríguez. La oficina se cerró en 2012, un año antes de que un banco venezolano comprara Abanca.
Los lugareños también están viendo cambios, algunos de ellos positivos.

Bankia SA, otro conglomerado de cajas, ha cerrado más de una tercera parte de sus 3.117 sucursales desde su rescate en 2012. Desde 2013, ha decidido que 81 oficinas en Madrid funcionen como centros para actividades bancarias de los clientes como el pago de recibos o el depósito de efectivo. Esto significa que los clientes pasan menos tiempo haciendo cola en otras oficinas y los empleados del banco pasan más tiempo intentando vender servicios lucrativos como hipotecas o inversiones.

Algunos bancos están intentando compensar el cierre de sucursales con mayores servicios para smartphone, un camino cuesta arriba en Orense, donde casi un tercio de la población supera los 65 años. Incluso algunos clientes jóvenes se muestran reacios al cambio. “Prefiero el cara a cara. Confío más en él”, indicó Marián Lamela, de 38 años y dueña de A Neta Do Cachelas, uno de los dos bares de Larouco.

Después del cierre del banco del pueblo, Lamela dijo que contrató a una camarera más para que le cubriera por las mañanas mientras va a A Rúa a depositar los pagos a vendedores y retirar pequeñas cantidades de dinero para tener cambio para sus clientes.
Los españoles están acostumbrados a acceder a muchas sucursales bancarias. El país tenía una oficina de banco por cada 1.386 personas en 2013, según datos del BCE. Estados Unidos tenía una oficina por cada 3.372 el pasado junio, según Federal Deposit Insurance Corp.

“En España, nuestra cultura es que en cada pueblo haya al menos un supermercado, un bar o dos --esto es casi más importante que el supermercado-- una farmacia, un centro de salud y un banco”, dijo Nuria Rodríguez, cajera de una sucursal de Banco Santander en Chandrexa de Queixa, cuya población es de 545 personas. “Si no los tienes, es como si el pueblo no estuviera completo”.

Chandrexa de Queixa pasó nueve meses sin banco hasta que abrió la oficina de Santander hace cerca de un año. Ofrece servicios limitados, ya que Rodríguez y sus colegas no pueden otorgar créditos.

Gerardo González Lamelas, que regenta el principal bar del pueblo, no considera probable que abra un banco “real” allí porque “los pueblos pequeños van cuesta abajo”.
Sin embargo, el alcalde Francisco Rodríguez Rodríguez considera un gran logro sus exitosos esfuerzos por conseguir la sucursal bancaria. Cuando no había banco en el pueblo, señala, “la gente se lo tomaba muy a mal porque se les había privado de un servicio que es fundamental”.



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